Exploramos la tensión entre traducir la Torá y distorsionarla. El mandato 'ba'er heitev' nos ordena explicar con claridad, pero toda traducción es también interpretación. El peligro no está en traducir, sino en olvidar que estamos traduciendo y confundir nuestro recipiente con la luz misma.
Linea de Transmision
Dos niños están peleando en la sala.
Uno grita:
—¡Es mío!
El otro responde:
—¡No, es mío!
Ya se van a morder cuando llega el papá, cansado, les quita el juguete y grita:
—¡Ya! Silencio.
Los niños se callan. El papá se va.
Fin del pleito.
Pero los niños no aprendieron nada. Solo aprendieron que, cuando la cosa se pone difícil, pueden buscar a alguien más grande para que termine la discusión por ellos.
Nosotros hacemos exactamente lo mismo.
Tenemos una duda, una conversación incómoda, algo que no nos cierra. Y en lugar de soportar la tensión de no saber, buscamos al papá.
A veces el papá es un rabino. Un psicólogo. Un libro. Un coach de TikTok.
A veces es ChatGPT, que nos responde en cuatro párrafos, nos da la razón y hasta nos pone una conclusión.
Entonces sentimos alivio:
> “Alguien más grande ya resolvió esto. Ya no tengo que pensar.”
Claro que nos gusta.
Pensar cansa. Dudar duele. Y ser adulto es agotador.
No estoy diciendo que un rabino y ChatGPT sean lo mismo. No lo son. El problema no es la autoridad. El problema es lo que hacemos con ella.
Podemos acercarnos para aprender.
O escondernos detrás de ella para no volver a dudar.
El problema nunca fue preguntar. Fue dejar de hacerlo en cuanto apareció una voz más grande.
Una verdad que nadie entiende
Uno podría pensar que la solución es dejar de explicar.
Nadie opina. Nadie traduce. Calladitos nos vemos más bonitos.
Pero la Torá dice exactamente lo contrario.
Cuando el pueblo está por entrar a la tierra, Dios les ordena escribir la Torá sobre unas piedras. Pero no solamente escribirla. El versículo dice:
> **בַּאֵר הֵיטֵב — Ba’er heitev.**
Explícala bien. Con toda claridad.
Rashi agrega una interpretación sorprendente:
> “En setenta lenguas.”
¿Por qué traducirla?
Porque una verdad que nadie entiende no puede entrar en la vida de nadie. Si no la puedes aterrizar, no es sabiduría. Es ruido bonito.
Pero la tradición también dice que la Torá tiene setenta caras.
No setenta Torás.
Una Torá. Setenta caras.
Esto no significa que todas las interpretaciones sean correctas ni que todo dé lo mismo. Significa que ninguna persona puede decir:
> “Mi cara es toda la cara.”
Una lengua muestra algo. También deja algo fuera.
Entonces la pregunta ya no es solamente cómo explicar la Verdad.
La pregunta más incómoda es:
> **¿Qué parte de la Verdad no puede ver mi propio keli?**
Traducir es peligroso
El Talmud, en Kiddushín 49a, cita una enseñanza de Rabí Yehudá:
> “Quien traduce un versículo exactamente según su forma es un mentiroso; y quien le agrega es un blasfemo.”
Qué buena manera de empezar el día.
Si traduces palabra por palabra, puedes conservar el texto y perder lo que quiere decir. Pero si agregas demasiado para explicarlo, ya metiste algo tuyo.
Tu interpretación. Tu historia. Tu cosecha.
No existe una salida completamente limpia.
Nos pasa todos los días.
Alguien te escribe:
> “Está bien.”
Y tú tienes que traducir.
¿Está bien?
¿Está enojado?
¿Está resignado?
¿Está diciendo “hablamos llegando a la casa”?
Porque eso definitivamente no está bien.
Traducimos mensajes, miradas, silencios, recuerdos y personas. Incluso traducimos lo que nos pasa a nosotros mismos.
El problema no es traducir. No podemos evitarlo.
> **El problema es olvidar que estamos traduciendo.**
Es borrar nuestras huellas y decir que todo venía así en el original.
Cuando el keli se cree la luz
Rabí Najmán de Breslov relaciona el Targum con un lugar llamado *Klipat Nogá*.
Dicho sin humo: es una zona mezclada.
Puede dejar pasar la luz. También puede distorsionarla.
La tradición mística habla del *or pashut*: la luz simple. La luz es una; lo que cambia es el *keli*, el recipiente que la recibe.
Un vaso rojo no inventa una luz roja. Recibe la luz y le da una forma.
Por eso el rey Salomón dice que no hay nada nuevo bajo el sol. Seguimos amando, teniendo miedo, sintiendo celos y buscando poder.
Ahora tenemos mejores pantallas.
Pero el ser humano sigue siendo el mismo animal con contraseña nueva.
El *jidush*, la novedad, no siempre consiste en descubrir una luz nueva. Muchas veces consiste en construir un nuevo recipiente para una luz que siempre estuvo ahí.
Primero fueron piedras. Después pergaminos. Después libros. Hoy puede ser un pódcast, un video de quince segundos o una respuesta de inteligencia artificial.
Cambia el keli.
La pregunta humana permanece.
El peligro comienza cuando el recipiente se cree la luz.
Cuando el mensajero deja de decir “yo lo entiendo así” y empieza a decir:
> “Dios piensa exactamente como yo.”
Qué casualidad.
Dios, creador del universo, estudió todos los argumentos y terminó opinando igual que tú.
Dos hombres dicen “Dios”
Decimos que todo lo bueno viene de Dios.
Una persona dona un hospital en nombre de Dios. Alimenta a alguien. Perdona. Salva una vida.
Pero algunas de las peores guerras de la historia también se hicieron en nombre de Dios.
Un terrorista puede asesinar inocentes mientras pronuncia el mismo nombre.
No estoy diciendo que los dos actos sean iguales. Son moralmente opuestos. Tampoco estoy diciendo que Dios contiene el hospital y el asesinato.
Estoy diciendo algo más incómodo:
La palabra “Dios” pasó por dos recipientes humanos.
Uno la convirtió en servicio.
El otro la convirtió en permiso para destruir.
Ese es el peligro de *Klipat Nogá*. Podemos usar una palabra sagrada para acercarnos a la luz o para esconder nuestra oscuridad.
> **El fanatismo comienza cuando una traducción olvida que es traducción.**
Incluso el ateo puede estar rechazando una traducción de Dios que merece ser rechazada.
Quizá no está diciendo que no existe nada más grande que él. Quizá está diciendo:
> “No creo en ese Dios que ustedes usan para controlar, humillar o matar.”
Y el agnóstico puede estar tocando algo profundamente espiritual cuando reconoce:
> “No sé. No puedo comprobarlo. No tengo palabras.”
Porque Dios es inefable.
Eso no significa que no podamos decir nada. Significa que nada de lo que digamos alcanza.
Puedes explicarme la canela durante tres horas. Su origen, su composición química y sus posibles beneficios.
Pero en algún momento voy a tener que probarla.
La explicación no es la experiencia.
> **Lo inefable no es lo que no se puede decir. Es lo que nunca terminas de decir.**
No todas las traducciones son iguales
Entonces, ¿todo vale?
No.
Que ninguna traducción esté completa no significa que todas sean iguales.
Una interpretación que te ayuda a pensar no es igual a una que exige obediencia ciega. Una interpretación que protege la dignidad humana no es igual a una que te da permiso de destruirla.
La humildad no consiste en decir que todos tienen razón.
Consiste en recordar:
> “Yo tampoco tengo la última palabra.”
Una voz grande puede enseñarte a pensar. También puede darte permiso de dejar de hacerlo.
La diferencia no está solamente en la voz. Está en lo que tú haces después de escucharla.
¿Te vuelves más responsable, más humano, más dispuesto a escuchar?
¿O simplemente conseguiste un screenshot elegante para ganar la discusión?
Mi traducción
Aquí me cayó el veinte.
Yo también puedo convertirme en esa voz grande.
La primera vez que entendí lo de las setenta lenguas, no pensé en idiomas.
Pensé en este micrófono.
Yo también intento poner en palabras cosas que apenas estoy aprendiendo a vivir.
Leo. Subrayo. Escojo una fuente. Dejo otra fuera. Escribo una frase y después la borro porque suena muy inteligente, pero no dice nada.
Luego se prende la luz roja de la cámara y todo parece más claro de lo que realmente está.
Ese es el peligro del micrófono:
> **Puede hacer que una duda suene como revelación.**
Yo también te hablo desde mi historia, desde lo que entendí y desde mis heridas.
A veces una fuente me rompe una idea y tengo que empezar de nuevo. Pero otras veces una fuente me incomoda y quizá la dejo fuera porque no cabe en lo que yo quería decir.
Eso también es traducir.
Escojo las palabras, el tono y las pausas.
Hasta el silencio de este pódcast está editado.
Este pódcast no es la luz. Es el intento de mi keli por recibirla.
Por eso puedo decirte:
> **Yo no creo en Dios.**
>
> **Experimento a Dios.**
Pero mi experiencia no me convierte en dueño de Dios ni en dueño de la Verdad.
No te la presento como prueba.
Te la comparto como testimonio.
Y en cuanto intento contarla, ya escogí palabras. Ya dejé algo fuera. Ya pasó por mis recuerdos, mis miedos y mi necesidad de encontrar sentido.
Lo que experimenté puede haber sido luz.
Lo que lees aquí es mi Targum.
Mi traducción.
Por eso necesito la tuya.
No necesito que me aplaudas. Tampoco necesito que me des la razón. Necesito que me muestres qué no vi, qué dejé fuera, dónde habló mi herida y qué puede recibir tu keli que el mío no alcanza a recibir.
No para que juntos poseamos la Verdad.
Eso sería el mismo ego, pero ahora con socio.
Necesito tu traducción para completar la mía. Para recordar que mi cara es solamente una de las setenta.
Por eso hablamos
Volvamos a los niños en la sala.
Uno sigue diciendo que el juguete es suyo. El otro insiste en que no.
Llega el papá.
Pero esta vez no les quita el juguete. No grita. No decide rápido para poder regresar al teléfono.
Se sienta en el piso, mira al primero y le dice:
—A ver. Explícame.
Lo escucha.
Después mira al otro:
—Ahora tú.
Y también lo escucha.
Sigue siendo el papá. Sigue siendo la voz grande.
Pero esta vez no pensó por ellos.
Les devolvió algo más incómodo: la responsabilidad de hablar y la responsabilidad de escuchar.
Nadie ganó. Nadie fue silenciado.
Pero esta vez ninguno dejó de pensar.
Ki Tavó dice:
> *Ba’er heitev.*
Explícala con toda claridad.
Rashi dice:
> “En setenta lenguas.”
Esta fue una.
La mía.
Con mi voz, mi historia, mis heridas, todo lo que pude ver y todo lo que todavía no veo.
Ahora necesito la tuya.
No para completar la Verdad. La Verdad no nos necesita para estar completa.
La necesito para completar lo que yo no pude ver.
Porque la luz puede ser una.
Pero mi keli no basta.
El tuyo tampoco.
Por eso hablamos.
El problema no es traducir. No podemos evitarlo. El problema es olvidar que estamos traduciendo.
Para llevar
Explicar la verdad es obligatorio, pero toda explicación es parcial. El peligro no está en traducir, sino en borrar nuestras huellas y pretender que nuestra versión es toda la Verdad.
Mesa de Shabat
- 1.
¿A qué autoridad acudes para evitar la incomodidad de pensar por ti mismo?
- 2.
¿En qué área de tu vida confundes tu interpretación personal con 'la verdad objetiva'?
- 3.
¿Qué pregunta importante dejaste de hacerte porque alguien más grande ya te dio 'la respuesta'?
Fuentes
- [1]Devarim 27:8 — ToráSefaria
- [2]Rashi sobre Devarim 27:8 — RashiSefaria
- [3]Talmud Bavlí, Kiddushín 49a — Talmud BavlíSefaria
- [4]Likutey Moharán I, Torá 19 — Rabí Najmán de Breslov
- [5]Mishná Sotá 7:5 — MishnáSefaria
- [6]Talmud Bavlí, Sotá 32a — Talmud BavlíSefaria
- [7]Kohelet 1:9 — TanajSefaria
- [8]Bamidbar Rabá 13:15-16 — Midrash Rabá
Te puede interesar


